jueves, 27 de abril de 2017

Chicos, solo hace falta un poco de empatía

Esta entrada va dirigida especialmente a mi público masculino porque veo necesario que entiendan el mensaje que quiero transmitir hoy.

Yo soy el primero al que le molestan las generalizaciones que se hacen sobre los hombres, y es obvio que a nadie le gusta que le metan en el mismo saco que a gentuza sin respeto, energúmenos que bien podrían haberse criado en una cueva cazando mamuts lanudos y machitos orgullosos de su virilidad que alardean de cuántos coños han penetrado, y si es sin consentimiento mejor. Pero debemos comprender que si se generaliza no es porque quieran hacerlo así, sino porque han tenido suficientes motivos como para desconfiar de todos nosotros. Un ejemplo:

Voy paseando por la calle a las dos de la madrugada y, casualmente, estoy siguiendo el mismo camino que una chica que va sola. A pesar de que no tenga intenciones de hacer nada y que esa coincidencia no sea más que un producto de la casualidad, no puedo evitar sentir el miedo que pueda sentir ella. Esta misma situación se ha dado montones de veces, y, ¿cuántas veces ha acabado esta misma historia con la chica secuestrada, violada, muerta o las tres cosas a la vez, y ni siquiera en ese orden? Si esta historia se diera al revés, ¿no tendríais miedo vosotros cada vez que salís solos a la calle por la noche? Pues esto es solo uno de los miles de ejemplos que pueden daros las mujeres del miedo que tienen en esta sociedad machista.

Cada vez que veáis a alguien decir que todos los hombres somos tal o cual no os enfadéis ni se lo discutáis, simplemente pensad en qué ha conducido a esa persona a soltar esa frase. Desde hace años siempre repito la misma frase, y esta no es una excepción: "Si te das por aludido será por alguna razón". Menos ofenderse por esta tontería y más empatizar con quien, presa del miedo, desconfía de nosotros y teme por su integridad. Porque lo que a nosotros nos pueda llegar a parecer algo inofensivo como un simple acercamiento, a esa persona se lo ha estado pareciendo hasta que algo demostró que "inofensivo" no es la palabra más adecuada para definirlo. Y no, no me refiero a los piropos, me refiero incluso a saludar a una persona porque te haya llamado la atención y quieras conocerla, sea por la razón que sea, ya sea en las redes sociales o en la calle.

Entendedlo, chicos, no es algo tan difícil, solo se trata de abrirse un poco, conocer lo que ha pasado, está pasando y seguirá pasando mientras no hagamos nada por cambiarlo, y empatizar un poco. Yo soy el primero al que le jode que le metan en el mismo saco, pero al menos comprendo que no es por mi culpa y que tienen razones para ello, y que, si quiero salir de ese saco tengo que demostrar que no pertenezco a él. Y, sobre todo, hacerlo por ellas, no por mí. Porque aquí la víctima no somos nosotros, son ellas. Y si de verdad os jode unas palabras que no dañan a nadie es que tenéis un serio problema.

sábado, 15 de abril de 2017

"Solo quería llamar la atención"

"Solo quería llamar la atención". Qué simple parece todo desde el punto de vista externo de alguien que nunca ha tenido que ponerse en la piel de nadie para saber lo triste y rota que es la vida de alguien. "Solo quería llamar la atención".

Es increíble cómo cinco míseras palabras pueden restar importancia a los problemas de alguien que siente que su vida está vacía y que carece de sentido. Parece que todo el mundo es experto en la vida de los demás y son capaces de distinguir entre los problemas reales y los problemas que se inventa la gente. Sí, soy plenamente consciente de que esta es la misma entrada, con distintas palabras y distinta estructuración, que la que escribí hace algunas semanas hablando sobre el suicidio, pero después de ver 13 reasons why (serie de la cual no sé si me arrepiento de haber visto o no) y de leer algunos comentarios de gente en redes sociales que parecen tener doctorados en psiquiatría por la forma en la que hablan con tanta simpleza sobre este tema, me siento en la necesidad de volver a escribir esto.

"Quiero morir", "me voy a suicidar" y otras frases nada agradables de leer o escuchar por parte de personas a las que consideramos cercanas no son un simple intento de llamar la atención. La gente lo juzga como tal, como si lo único que quisieran es acabar con el tedio que les invade en ese momento y divertirse con alguna chorrada porque se aburren en sus casas y no saben qué hacer. Aquello que la gente llama equivocadamente "llamar la atención" es un grito de auxilio, un intento desesperado por conseguir algo de ayuda que alivie el sufrimiento con el que le ha tocado convivir.

"Quien quiere suicidarse lo hace, no lo dice" es otra de las excusas que pone la gente sin empatía, ególatras narcisistas que solo se preocupan por sí mismos y les da igual lo que les pase a los demás con tal de que ello no les afecte. Porque nada, salvo lo que les ocurre a ellos directamente, importa. Y quizá, en una pequeña parte, tengan razón con esa frase y quien ha gritado auxilio realmente no quiera morirse. Porque, siendo realistas, nadie quiere morir realmente. Lo que todos desean es que cese ese dolor, que desaparezcan todos sus problemas y puedan vivir una vida feliz y lejos de toda tristeza. Y, cuando toman la decisión de acabar con sus vidas, es porque no les quedaba otra opción para conseguir acabar con su tortura.

Suicidarse no es una decisión voluntaria que toma el suicida porque sí. Es algo que ha meditado durante un tiempo y es una opción a la que ha tenido que acogerse conducido por la desesperación y el abandono. No somos nadie para juzgar si tenía problemas de verdad o no, solo esa persona sabe si era capaz de lidiar con la carga que tuviera que sostener o no. Lo único que podemos hacer es intentar aliviar esa carga antes de que tome esa irreversible decisión de cortar todos los lazos que le atan al mundo y, como diría la raza ficticia de los kenders, "adentrarse a su última aventura".

Sé que hay muchos gilipollas sueltos que bromean con el tema del suicidio para creerse "guays" o seguir una estúpida moda, pero no nos pongamos cómodos creyendo que todo el mundo es así. Sabemos distinguir entre quien bromea y quien lo dice de verdad, sabemos diferenciar al que sigue esa estúpida moda y al que cuenta su vida por necesidad de encontrar un apoyo donde descansar. Lo que pasa es que es mucho más cómodo y fácil meter a todo el mundo en el mismo saco y que nuestro propio egoísmo nos haga creer que no podíamos hacer nada por la otra persona y que era mejor dejarlo estar.

Sé muy bien el enorme esfuerzo que puede suponer contarle a alguien tu vida y decirle lo mal que estás para buscar a alguien que alivie el peso de tu dolor, y lo mal que se siente uno después creyendo ser una carga para quien decide ayudar. Por eso quiero pediros una cosa por segunda vez en este blog: No pisoteéis el valor que tanto trabajo le ha costado reunir a alguien para confiar en vosotros y pediros ayuda. No se trata de solucionar la vida de los demás, solo de hacerle ver a esa persona que vais a estar ahí para lo que haga falta, que daréis lo que podáis por esa persona, y, quizá, con un mínimo esfuerzo podáis salvar la vida de alguien. De verdad, os lo pido de corazón, no permitamos que muera nadie más por no ser capaz de afrontar su propia existencia. Bastante caótico es el mundo ya como para que encima repudiemos a quien solo necesita de nuestra presencia para que su mundo sea un poco mejor.

lunes, 27 de marzo de 2017

Cristianismo y la derecha. Guerra santa en los medios.

Normalmente no me gusta politizar o meter religión en mi blog salvo que sirva para reflexionar. Y no sé muy bien si esta entrada servirá para tal propósito o si solo será un desahogo para mí donde descargaré toda mi bilis contra un sistema mediático dirigido por un dogma que más que una religión parece una secta. Sea como sea, aquí va mi entrada.

Todo esto viene debido a la ya famosa declaración de Paquito Marhuenda, director del fachodiario La Razón, que de razón tiene poca, en la que demonizaba por Twitter el islam mientras enaltecía y alababa el cristianismo. Por desgracia este tipo de propaganda político-religiosa no es nada nuevo. Siempre que ocurre algún atentado orquestado por el ISIS sucede como por consecuencia una propaganda islamófoba criminalizando a todo aquel que sea musulmán, obligándolos a soportar un bombardeo de prejuicios al relacionarlos con los atentados. Porque, como es obvio, el chico de la tienda mora de la esquina de nuestro barrio es colega íntimo del que se ha inmolado a miles de kilómetros y también tiene un chaleco bomba para volar la tienda. Quiero creer que quienes leen mi blog son personas medianamente inteligentes pero por si no ha quedado claro la frase anterior es sarcástica.

Es lamentable que en pleno siglo XXI, cuando se supone que el ser humano a comenzado a madurar y a dejar de depender de creencias religiosas para condicionar su vida, todavía quede gente que crea ciegamente las historias contadas en un libro con dos mil años de antigüedad hasta el punto de llegar a librar una guerra por él. Que, oye, cualquiera es libre de creer en lo que quiera, siempre y cuando eso no dañe a nadie. Y sí, todavía se sigue librando esa guerra santa que se supone que acabó hace cientos de años. ¿Recordáis las cruzadas? Bueno, ya no son como antaño, con ríos de sangre corriendo por las calles de Jerusalem. Ahora esa guerra la libran los medios, desprestigiando el islam y utilizando el miedo del pueblo como un arma para volver al populacho, rebaño de corderos bien adiestrados, contra aquel trabajador inocente que solo desea ganarse la vida al margen de sus creencias.

Porque hay que dejar clara una cosa: La religión no mata. Al contrario, yo siempre he defendido la religión (al margen de las instituciones, claro). Todo aquello que sirva para hacer que una persona evolucione bienvenido sea. Quienes matan son los extremistas radicales armados por lobos disfrazados de cordero. Porque tenemos que recordar algo: ¿De dónde vienen las armas del ISIS? ¿Quién ha hecho que aquellos que han causado tanto terror sean capaces de hacerlo? ¿Y cómo es posible que no se les haya frenado ya?

Todo esto es algo que no nos contarán los medios, que la prensa y la televisión callarán, porque aquellos que los financian son los mismos que lideran esa guerra mediática contra el islam, intereses políticos y financieros aparte. Si no me creéis, pensad: ¿Dónde se metieron todos los políticos de derechas en 2011, durante el atentado de Oslo? Es más, ¿dónde se metió Marhuenda, aquel por quien empecé a escribir esta entrada, cuando Anders Breivik asesinó a sangre fría a más de 90 jóvenes para, aparentemente, no recordar nada de aquel atentado? Porque realmente parece no recordarlo al decir que el cristianismo es una religión de paz y que así será por siempre jamás. Si él no lo recuerda, hagamos memoria nosotros:

Anders Behring Breivik era un joven de 32 años de tendencia ultraderechista y ultracatólico que puso una bomba en el complejo gubernamental de Oslo. No contento con el resultado de ese primer atentado se dedicó a abrir fuego en un campamento juvenil dos horas más tarde. ¿Sabéis a quiénes culparon los medios en primer lugar, buscando una cabeza de turco? Bingo, a los yihadistas. Porque siempre, pase lo que pase, el primer objetivo a culpar de cualquier atentado va a ser el musulmán.

Esto no es nada nuevo, es algo que se ha estado realizando desde hace años, sobre todo ahora que no tienen a ETA para culpar de los atentados. De hecho, cuando se demuestra que el responsable de cierta matanza es uno de los suyos, lo único que hacen, con suerte, es rectificar, corregir y pasar a otro asunto. Si un atentado lo hace un grupo radical islámico te lo van a recordar durante días, semanas si hace falta. Si ese mismo atentado lo hace un radical cristiano quizá no lleguéis a enteraros nunca. De hecho, lo más seguro es que no lo consideren una masacre sino como un acto de paz. Como aquellos que hacen los ejércitos occidentales a manos de líderes imperialistas en el desierto de Oriente Medio. Pero, eh, que el cristianismo es una religión de paz, no lo olvidéis.

viernes, 24 de marzo de 2017

La hipocresía tras el suicidio

Antes de nada quisiera disculparme si el título puede causar algún tipo de confusión. Aunque llevo una semana dándole vueltas tanto al título como a la entrada en sí, no he encontrado ninguno que me satisfaga, que resulte preciso y que no incite a pensar equivocadamente sobre las intenciones de esta entrada.

Quien me conoce bien sabe que lo que más odio en esta vida es la hipocresía, y más la de aquellos en quienes he depositado mi confianza y me han terminado decepcionando. Pero esta vez no vengo a hablar de ninguna experiencia personal mía, de algo que me haya pasado directamente a mí. Esta vez quiero hablar de aquellos que han querido o intentado suicidarse, o lo han hecho, y de aquellos que los han abandonado.

Cuando sale en la prensa o en cualquier medio la noticia de que un niño se ha quitado la vida por culpa del bullying todos nos ponemos la medallita durante ese día, la mayoría fingiendo una empatía que no tienen, condenando el acoso y la falta de intervención para evitar esa situación. Es muy fácil escribir un par de líneas dándole el pésame a la familia y a sus seres queridos y quejarse de que nadie haya hecho nada para impedir que esa criatura se quite la vida, pero luego nadie mueve un dedo.

Tildan de hipócritas a quienes se han planteado el suicidio por las razones que sean, critican e insultan a una persona que ya de por sí está bastante tocada por dentro y la abandonan a su suerte tras decirle "quien quiere suicidarse lo hace, no lo dice". Sé que no es muy agradable que una persona nos diga que quiere morirse, pero esa persona lo único que está haciendo es buscar un apoyo que la sujete y una razón por la que seguir viviendo. No podemos culpar a alguien que está sufriendo por intentar desesperadamente encontrar un motivo que la mantenga con vida. Es obvio que todos tenemos nuestros problemas y no podemos pasarnos la vida solucionando los de los demás, pero un poco de ayuda por nuestra parte podría salvar la vida de alguien que desee desaparecer. Solo se trata de hacer que ese alguien se sienta querido, sienta que importa, sienta que tiene un lugar en el mundo y que puede salir adelante. Pensad que si ha decidido contaros algo tan grave como eso, algo que no es fácil de contar a cualquiera, algo que le avergüenza, es porque os quiere, le importáis y os necesita. Pensad que en verdad el suicidio no es algo voluntario, no es una decisión que se toma a la ligera y que, quien la toma, lo hace inducido por determinados factores, que se siente obligado por no encontrar una solución a sus problemas.

Por eso os pido que dejéis de colgaros la medalla de la empatía cuando ocurren estas cosas y ayudad a quienes sabéis que tiene problemas que le impiden vivir su vida con normalidad. Quizá algún día no haga falta colgarse ninguna medalla. El suicidio es un asunto muy serio para aquel que se lo plantee y no es motivo de risas, burlas ni bromas, ni mucho menos para ignorar a quien lo considera como una opción o una huida. Sé que hay mucha gente, sobre todo jóvenes en las redes sociales, que no hacen más que bromear con ese asunto, pero es muy fácil diferenciar a quien se mofa y se ríe poniendo comentarios suicidas de quien, en silencio y confidencialmente, grita auxilio por el dolor.

viernes, 3 de marzo de 2017

Colegas, amigos y excesos de confianza

Muchas veces me pregunto cuántos de mis seguidores creerán que soy una persona fría y distante, cuántos de mis conocidos piensan que me alejo de la gente y no dejo que nadie se me acerque, cuántas de las personas que me rodean piensan que soy imposible de conocer. Bueno, quizá nadie piense que soy imposible de conocer porque todos creen conocerme, pero a donde yo quiero ir es a que cada día veo más normal distanciarme de todo el mundo, hacer imposible que la gente se acerque a mí, y evitar los excesos de confianza. Porque parece que la gente no conoce la diferencia entre ser un colega con quien quedar de vez en cuando y echarte unas risas o ser un amigo en quien confiar y a quien contarle tus penas. Y mucho menos son capaces de ver que el hecho de que confiar en alguien no significa que confíen en ellos. De hecho, he perdido la cuenta de la gente que se ha decepcionado al ver que me importa una mierda cómo me ven ellos. "Para mí eras un gran amigo", ¿y eso significa que tú tengas que ser mi amigo, gilipollas?

Siento si mi tono se recrudece a cada línea que escribo pero este es un tema que me fastidia demasiado. Son muchos los que se creen que por conocer algún aspecto de mi vida, aunque sea solo haberme conocido por haber quedado con amigos en común, ya lo saben todo sobre mí y pueden hacerse llamar "mis amigos". Pues siento cargarme vuestro ego y vuestro narcisismo porque va siendo hora de daros una hostia de realidad para que dejéis de sentiros tan especiales: Yo casi no tengo amigos. Casi nadie tiene derecho a considerar tener una amistad por mi parte, casi nadie se ha ganado el derecho de considerarse siquiera una persona cercana a mí. Porque puedo asegurar que de todo el mundo que leerá esta entrada, con suerte el 10% serán realmente amigos o personas cercanas a mí. Y si, después de esta afirmación, seguís creyendo que me conocéis o que os considero mis amistades, tengo una mala noticia: Vuestro narcisismo os ciega y tenéis mucho que aprender todavía.

En primer lugar, como dije, existe una gran diferencia entre un colega con quien echar unas risas y charlar de vez en cuando o un amigo a quien contarle todos mis problemas. Parad de leer esta entrada un momento y haced memoria: ¿cuántas veces os he contado en la intimidad algo que me preocupa, me inquieta, me quita el sueño? ¿Cuántas veces os he hablado de algún aspecto privado de mi vida que no le haya contado a casi nadie, y mucho menos en público? Si contáis, con suerte, una o dos, pensad que os lo he podido contar borracho. Si no contáis ni una, tened bien claro que ni sois mis amigos ni, posiblemente, jamás lleguéis a serlo. Y mucho menos si seguís con esa insana insistencia. Porque, por más que me digáis que puedo confiar en vosotros, mi confianza no se gana por arte de magia. "¡Oh, dioses, dice que puedo confiar! ¡Voy a ser su amigo!". Ridículo, ¿verdad?

En segundo lugar, y para concluir, el hecho de que hayamos hablado alguna vez, nos hayamos visto en una quedada o hayamos coincidido alguna vez en la calle NO SIGNIFICA que os conozca. Os tomáis una confianza que no os merecéis por alguna enfermiza razón que desconozco. Y de verdad, no os entiendo, ¿qué os hace pensar que quiero saber algo de vosotros solo porque hemos coincidido alguna vez en algún sitio y ni hemos compartido media palabra? Puedo llegar a entenderlo de alguien a quien alguna vez haya ayudado (que, por cierto, que os ayude en algo no significa que me importéis o quiera algo de vosotros; simplemente me gusta ayudar a la gente que creo que se lo merece), pero, ¿de alguien a quien solo me he presentado, y con mi apodo además, y con quien no he hablado en ningún momento?

Estoy muy cansado de que la gente se tome tantas confianzas y se crean más de lo que son para mí, y prefiero desilusionar a un puñado de gente con esta entrada (y recibir un puñado de quejas diciendo "no entiendo por qué eres así conmigo, si te veía como un amigo") a que esto se siga prolongando durante más tiempo y que cada día me venga algún idiota con el pensamiento de que esa tediosa y repetitiva frase me haga cambiar de parecer.

sábado, 25 de febrero de 2017

El trabajo de un artista

Hace tiempo colgué una entrada en la que hablaba del esfuerzo de los artistas y de cómo muchos acababan desmotivados a seguir adelante por la falta de aprecio en sus trabajos, en lo fácil que era seguir motivándolos solamente con compartir sus obras y dándole una opinión positiva o constructiva sobre ellas. Y aunque el título de esta entrada es muy similar a su predecesora, quiero recalcar la diferencia de término al emplear, esta vez, la palabra "trabajo". Porque no paro de ver constantemente cómo la gente critica a aquellos que quieren monetizar sus trabajos, argumentando que, al ser un hobby, no debería cobrarse por ello y que cualquiera podría hacer lo mismo.

En primer lugar quiero compartir una experiencia muy corta que me ha servido como reflexión para esta entrada. Cuando estaba estudiando fotografía, en mi primer año nos preguntaron en clase: "Cuando os pidan un presupuesto, ¿cuánto deberías cobrar por sesión?". Nadie, o más bien casi nadie, sabía qué responder. La respuesta que nos daban únicamente incluía la inversión que habíamos hecho en nuestros equipos (cámaras, lentes, objetivos, focos, reflectores, etc.) y, aunque es una respuesta correcta, siento que no es la más completa.

Cuando un artista, ya sea un fotógrafo, un dibujante, un diseñador, un músico o lo que sea, pone a la venta sus trabajos no tiene detrás solamente una inversión económica, que también. A sus espaldas hay un puñado de horas de esfuerzo y dedicación puestos sólamente en la obra que está vendiendo. Pero, a su vez, antes de esa obra ha tenido otro tanto tiempo en aprender y perfeccionar su campo. Cuando vemos un dibujo la gente solo es capaz de ver que el dibujo sea bonito y les agrada, pero el valor de ese dibujo es mucho mayor de lo que vemos a simple vista. Ya no es solo el lienzo (ya sea papel o un lienzo literal) y los materiales que ha empleado para dibujarlo, no es solo el dinero que ha invertido en poder plasmar su trabajo, es también toda la experiencia que ha tenido su autor para conseguir que ese dibujo sea tal y como lo vende. Horas trazando líneas, borrando, redibujando, coloreando, más las horas que haya pasado dándole forma a su idea, más las horas que haya pasado con obras anteriores (que son las que han servido al artista para mejorar su talento), más las horas que haya estado estudiando e investigando cómo hacer todo lo que sabe hacer. Es decir, no solo está la inversión económica que ha hecho en ese lienzo, también está el tiempo que ha invertido.

Esto se puede aplicar a cualquier otro campo. Un rapero que vende su maqueta por cinco euros no pretende solamente recuperar el dinero que le ha costado hacer una copia en un CD, o el dinero que se ha dejado en el estudio de grabación. También está monetizando las horas que ha tardado en componer esas canciones y todo el empeño y la dedicación que le ha puesto a cada tema, no solo de su maqueta sino de toda su carrera musical. Que, por cierto, si os quejáis de lo caros que son los estudios de grabación pensad que el equipo y la formación no son nada baratos, y que requiere de muchísimo tiempo aprender a mezclar y masterizar, por no hablar de que una canción de rock puede incluir perfectamente decenas de pistas que hay que trabajar de manera individual.

Otra cosa que he escuchado muchas veces es "esto mi amigo Menganito lo hace mejor y más barato", y es el típico error en el que caemos muchas veces, yo incluido: Juzgar el coste de un trabajo en base a la calidad. Juzgamos muy a la ligera la calidad del dibujo, de la maqueta o de cualquier otro producto o servicio artístico en base a su calidad. Y obviamente todos queremos el mejor trabajo posible al menor coste posible. Si te parece que un precio es abusivo y que otro te ofrece lo mismo pero más barato y mejor es tan fácil como comprárselo al otro pero no soltárselo a la cara de quien intenta venderte su trabajo. Podemos decidir a quién comprarle qué cosa, pero no somos quiénes para decirle a nadie por cuánto debería vender su trabajo. Y más en el mundo del arte donde toda opinión es subjetiva.

En definitiva, y para no explayarme en algo que he tratado de explicar de la mejor manera posible e intentando no ser redundante y cansino, solo resta decir que la mejor decisión que puede tomar alguien es vender su trabajo si piensa que vale para ello. No se trata de lo que digan los demás, consiste en lo que crea uno. Cada cual sabe cuánto ha tenido que invertir y cuánto debería cobrar, sin importar lo que piensen o digan los demás. Por eso mi consejo es que no dejéis que os desanimen, que no os suelten sus excusas rancias de rácanos que no quieren soltar un duro y sigáis cobrando por vuestros trabajos, porque valerlo lo valen. Da igual si está mejor o peor, da igual si gusta más o menos, el valor de una obra no radica en gustar más, sino en la dedicación, el esfuerzo y el aprendizaje.

martes, 31 de enero de 2017

Toxicidad gamer

¿Os habéis parado a preguntaros alguna vez si lo tóxico no es la comunidad del juego que os encanta sino que son los gamers en general? Sé que con esta entrada voy a ganarme un abucheo general, especialmente de aquellos que leerán el título y pasarán del tocho que hay escrito, sacarán sus propias conclusiones e insultarán automáticamente porque sienten que les ofendí. Y me da igual porque eso no hará más que darle fuerza a esta entrada, dándome la razón cuando digo que esta comunidad es tóxica en general.

Quien me conoce sabe que me encantan los videojuegos. De hecho, fueron una parte indispensable de mi infancia. Llevo jugándolos casi desde que tengo uso de razón, con mi grandísima Game Boy Pocket en blanco y negro (¡y, madre mía, qué pajote hubiese caído cuando la Game Boy fue a color de no ser porque era un crío!). Si bien tengo 20 años de experiencia a mis espaldas, mis habilidades con los mandos o con el ratón y el teclado no son de lo mejorcito que digamos. Esta es la principal razón por la que, aunque adoro muchos juegos multijugador, no los juego. Y no, no es culpa mía.

Al igual que a mí, hay un montón de personas que le pasa lo mismo. Son normalitas tirando a malas en determinado juego y, a pesar de que les encanta jugarlo, no pueden jugarlo por miedo. No es agradable para nadie entrar a divertirse echándose una partidita y que acabes en la amargura porque tu equipo se ha pasado media partida insultándote y recomendándote "amablemente" que juegues al Tetris (esta recomendación suelen hacérsela sobre todo a quienes consideran que son chicas, y, por alguna extraña razón, SIEMPRE piensan que son chicas las que están al otro lado). Si veis, no he especificado ningún juego. ¿Por qué? Porque da igual a qué juego entres, esta experiencia la vas a tener en la mayoría de los casos. Mi experiencia personal es S4 League (normalmente te lo dicen jugadores de pago por utilizar un arma, según ellos que usan armas que le suben los stats una burrada, chetadas) y LoL (quién no habrá recibido algún insulto por haber muerto alguna vez, da igual cómo haya ido el resto de la partida y da igual si ni siquiera fue su culpa...). Sí, no acumulo mucha experiencia por esta misma razón...

Pero quiero que os fijéis en una cosa: Si estos juegos fuesen de lo mismo, las mismas mecánicas, el mismo sistema, el mismo modo de jugarlo... podría entender que solo un sector específico, el sector al que perteneciera ese género de juego, es el tóxico. Pero los dos únicos ejemplos que he citado (más los que podría citar si hablara de testimonios de otras personas) son completamente opuestos. Ocurre en los moba, en los shooters, en los MMORPG y en casi cualquier juego que puedas imaginarte que sea multijugador (¡joder, me ha pasado hasta en el puto OGame, que te empiezan a insultar por haberles atacado! ¡¿Qué esperaban de un juego bélico, que les mandara un ramo de flores?!). Uh... creo que ya no es un determinado sector, ¿verdad? Parece que este cáncer se extiende a toda la comunidad.

Ahora quisiera bifurcar el camino que está tomando esta entrada para hablar de dos actitudes muy generalizadas en el mundo gamer y que no hacen más que emponzoñar esta comunidad.

Por un lado tenemos el elitismo. Dentro de las actitudes elitistas podemos seguir ramificando este camino, pero puesto que la entrada es larga de por sí voy a intentar resumirlo lo mejor posible en dos casos:

Tenemos al PC Master Race con un ordenador de la hostia que podría hacer sombra a los de la NASA, un ratón que han hecho a medida de su mano, un teclado guapísimo con lucecitas y veinte mil monitores para poder ver el juego como si todo ocurriera en su casa. Su actitud prepotente nos recuerda al típico niño pijo de papá que mira al de clase media (en nuestro caso,al que tiene un ordenador normalucho para tirar LoL y poco más) con repulsión. Es mejor que tú porque su ordenador necesita tantos ventiladores que, cuando lo enciende, no sabes si ha encendido un ordenador o arrancado el motor de un helicóptero Apache. Su tarjeta gráfica es capaz de mostrarte los poros de la piel de Annie cuando está en partida, y eso que el diseño no incluye ningún detalle similar.

Después nos encontramos con otro clásico, el "soy más gamer que tú porque juego más juegos que tú, llevo más tiempo jugándolos y soy mejor que tú". Lo siento, quise recortar el título de este pero no había forma. Este, en resumidas cuentas, es más gamer que tú porque... bueno, ya lo ha dicho él mismo. Si no juegas lo que a él le gusta no tienes criterio para hablar de videojuegos, tienes que haberte pasado todos los Dark Souls con las manos vendadas a la espalda para poder considerarte su igual y reza para que juguéis en la misma plataforma, porque si no... ¿No os recuerda un poco a los niños rata? Nah, es imposible. ¡Pero miradle, si está jugando con los dedos de los pies!

Ahora es cuando viene la otra actitud cancerígena de la comunidad gamer: el machismo. "Ya está, Stryke ya tenía que soltar esto, no nos bastaba con las chicas y ahora tenemos que aguantar al gordo de los cojones hablando también de machismo". Os jodéis, no voy a hacer la vista gorda ante algo tan generalizado.

Os sorprendería saber que normalmente el elitista suele ser también el machista de turno. Bueno, es normal, ambos se creen superiores por una u otra razón. Pero no, no voy a hablaros de los clásicos insultos de "vete a jugar al Tetris", "no salgas de la cocina" o similares. Eso sería ir a lo fácil. Yo quiero ir un pelín más allá, desde el "pagaskins" que cree que por abrir su monedero puede hacer con las chicas lo que le dé la gana hasta el machista clásico que cree que una mujer no debería hablar de ciertos temas.

Empezamos por el pagaskins. Normalmente sería alguien inofensivo, el pagafantas de toda la vida que se deja un dinero en intentar tener algo con la chica. Pero aquí no es inofensivo precisamente. Este directamente te suelta un "Te pago la skin de Lux Elementalista si me envías un nude" y luego recurre al chantaje y a la amenaza si no consigue lo que desea o se siente "estafado". Y uno no sabe qué es peor, si seguirle la corriente o pasar de él. Porque si pasas de él te amenazará y buscará la forma de chantajearte para que sucumbas a sus exigencias, pero si le sigues la corriente y le das lo que pide te estará chantajeando con eso para seguir exigiéndote más cosas.

El "¡Cuidado, viene el caballero blanco!". ¿Os suena? Venga, habréis visto ese "insulto" un puñado de veces. ¡Es como si fuese obligatorio soltarlo cada dos por tres, como si estuviera escrito en algún tipo de panfleto que tienen obligado recitar! Siempre que lo veas discutiendo con una mujer y salgas a defenderla te soltará eso, no importa si su argumento es inválido, si ha soltado alguna burrada por la boca o si simplemente piensas que es un energúmeno, él siempre pensará que la defiendes por ser mujer. Algunos van un poco más allá y aseguran que solo tratas de "mojar el churro". ¡Qué monos cuando piensan que todos son iguales que ellos, que se mueven a donde les diga la polla!

Normalmente el grupo anterior suele estar incluido también en este que voy a describir. Y es que si solo hablas con chicas lo único que buscas es, cómo no, "mojar el churro". No sé si ese pensamiento lo dicen por envidia, porque creen que todos nos movemos con la polla como ellos o por qué razón, pero no falla encontrarte a alguno de ellos de vez en cuando. Porque, claro, el hecho de que te sientas más cómodo hablando con una chica porque tiene una conversación más profunda y entretenida que el "unga, unga, tetas, culo" significa que quieres follártela. Voy un poco más lejos: el hecho de que ellas te agreguen a ti y no a ellos les escuece, y mucho.

Y, cómo no, el que piensa que por ser mujer no puedes hablar de lo mismo que él porque, claro, eres mujer... Es como si los videojuegos fueran algo exclusivo de los hombres, ¿sabéis? Ya no sé si es que sienten que su virilidad se siente amenazada porque una mujer habla de ello o juega a lo mismo, igual o incluso mejor que ellos. Pero no falla encontrarte con un tío con ese pensamiento.

Después de una explicación tan detallada sobre cómo es la comunidad gamer en general decidme, si os atrevéis, que no es tóxica en su inmensa mayoría. Elitismo y machismo abundan en una comunidad donde se supone que se comparten unos mismos gustos y unas mismas aficiones para pasárselo bien, pero se ha convertido en una competición para ver quién tiene la polla más grande o, en este caso, la biblioteca de Steam más completa. Ya no puedes considerarte gamer si no puedes permitirte un ordenador (o una consola) para poder jugar determinados juegos de moda, si no eres un crack con los mandos o el ratón y el teclado, si no compartes los mismos gustos o si no te tiras las tres cuartas partes del día sentado frente a una pantalla. Cuando se da tanta importancia a un juego como para despreciar a una persona ocurren estas cosas y, la verdad, me da mucha pena que se haya llegado a un extremo tan tóxico que obligue a muchas personas, en las que me incluyo yo, a dejar un hobby tan entretenido y maravilloso solo para ahorrarnos situaciones dolorosas. Y no puedo evitar preguntarme cuándo hemos pasado de divertirnos con nuestros amigos en el patio del colegio jugando a Pokemon a convertir en un infierno cada experiencia con los videojuegos. Lejos quedan ya en mi memoria esas tardes en las que jugaba por placer con completos desconocidos, conociendo a personas maravillosas. Ahora solo hay miedo a ser insultado viendo cómo la gente se ceba con quien considera que es inferior, dándole demasiada importancia a una serie de instrucciones de programación y un puñado de píxeles animados que fueron diseñados y escritos para entretener y que han acabado siendo la razón por la que humillar a alguien.