martes, 23 de mayo de 2017

La gratitud y la disculpa que te mereces

A mi odiada ex-compañera de piso:

Decías que querías terminar como adultos responsables, pero jamás fuiste una persona adulta. Nunca mostraste la madurez y la responsabilidad que deberían caracterizar a una persona adulta, siempre te comportaste como una niñata consentida y malcriada en un lugar donde, si las cosas no se hacían como tú querías, pataleabas. Lo peor de todo es que encima exiges una gratitud y unas disculpas que ni siquiera te mereces, así que, puestos a ser capullos, aquí te dejo las únicas que te mereces.

Gracias por habernos dejado la mierda de tu conejo esparcida por toda tu antigua habitación y por toda la terraza. Tardamos dos días en limpiarlo todo, para que te hagas una idea de cuánto nos dejaste, aunque ya deberías saberlo. Discúlpanos por no habernos dado cuenta antes de que hacía tiempo que o no limpiabas su jaula (explicación de por qué toda la casa olía tan fuerte) o no tirabas ninguna bolsa después de limpiarla.

Gracias por haber entrado en nuestras habitaciones sin nuestro permiso. Oh, sí, le dijiste a Cristina que habías entrado, después de que ella se preocupara por encontrarse cosas que no debían estar. ¿Cuándo me explicarás por qué la puerta de mi armario estaba extrañamente abierta y las cosas de su interior estaban cambiadas de sitio? Luego que por qué sospecho que tú tienes algo que ver con la desaparición de las escrituras del piso...

Gracias por esa fiesta que organizaste en mi piso donde hiciste un tour en directo por toda la casa a tus amiguitos de Instagram, grabando en una propiedad privada sin permiso, tratando de grabarme a mí sin que me diera cuenta y mostrando los rostros de los portarretratos que hay por toda la casa. Muy legal no es que sea todo, ¿no te parece? Oye, que a mí lo de no dormir casi no me importa, pero, joder, ¿esa falta de respeto hacia mi persona? Perdóname por no haber llamado a la policía esa noche, nos habríamos ahorrado muchas gilipolleces por tu parte.

Gracias por hacernos sentir unos inútiles, criticando todo lo que hacemos e impidiéndonos darte cualquier tipo de ayuda. Esta parte debería encantarte a ti, ya que por algo me exigiste que te agradeciera algo de la limpieza, ¿no? Pues sí, te agradecemos que no solo no nos dejaras ayudarte a limpiar la casa (oferta que despreciaste infinidad de ocasiones), sino que encima nos dijeras de todo cuando limpiábamos por nuestra cuenta y nos criticaras con tus amiguitos, guarreando la casa e invitando a tus amiguitos para hacernos parecer unos cerdos. Perdóname por no haberte echado antes de mi casa.

Gracias por haber tirado cosas del cuarto de baño sin haberme consultado antes. Yo entiendo que no usamos el cacharro ese para colocar el papel higiénico y que el jabonero es solo decorativo, que tenemos jabón líquido en el lavamanos, pero, ¿recuerdas quién es el dueño del piso? Perdóname por no haberte reprochado que fueras una maleducada actuando a mis espaldas en asuntos sobre mi casa.

Gracias por decirnos que te ibas a ir como una adulta y acabar yéndote como una cría, vacilándonos en nuestra cara, dejándonos tus mierdas y quitándonos las nuestras. Y perdóname por haber permitido que te convirtieras en una niña malcriada y consentida. Aunque quizá eso último ya lo fueras antes de venirte, pero debí haber impedido que lo fueras aquí también. Porque parecías una tía legal que iba de buen rollo, que parecía no querer acabar de malas con nadie, que era adulta, madura y responsable, y con lo que nos hemos encontrado ha sido justo lo contrario. ¿Y me dices que por mi culpa no tienes ganas de ser buena gente? Nunca fuiste buena gente. Si lo hubieses sido, nunca habría sentido que vivía en casa ajena dentro de mi propia casa, nunca me habría sentido mal por cobrarte una miseria cada mes por todo lo que se te ofrecía, nunca nos habrías despreciado cada vez que intentásemos ayudarte con lo que fuera, ya no solo la limpieza, nunca habría estado tenso el día que regresaras a casa porque estaba mucho mejor sin ti y se me hacía insoportable convivir contigo. El único adulto aquí fui yo, que me callé todo lo que nos hacías con tal de que las cosas fuesen lo menos malas posible. Pero hasta el más tonto tiene su límite, ¿sabes? Y uno no se quiere callar más. Ni te voy a pedir que nos pagues las tasas que cuesten sacar las escrituras nuevas ni lo que me cueste la consola que rompiste ni que le devuelvas a Cristina sus cosas porque sé que tú no eres de la clase de persona que quiere terminar bien las cosas, porque, incluso aunque eras tú quien quiso irse una semana antes, exigías que yo te diera la parte proporcional del alquiler. Pero quiero que sepas una cosa, nueva dama de discordia: Espero que algún día la vida te devuelva toda la mierda que nos has tirado y te hundas en la miseria, y que lo que te pasó en la cabeza no es justificación para comportarte como una hija de puta con todos, creyéndote superior de los demás y tratándolos como despojos, insultándolos porque los consideras inferiores a ti y humillándolos cuando no hacen algo como tú quieres que lo hagan. Aquí tienes la gratitud y la disculpa que te mereces. Sé que no serán de tu agrado pero me la suda, al igual que a ti te la suda todo lo que nos has hecho pasar.

jueves, 27 de abril de 2017

Chicos, solo hace falta un poco de empatía

Esta entrada va dirigida especialmente a mi público masculino porque veo necesario que entiendan el mensaje que quiero transmitir hoy.

Yo soy el primero al que le molestan las generalizaciones que se hacen sobre los hombres, y es obvio que a nadie le gusta que le metan en el mismo saco que a gentuza sin respeto, energúmenos que bien podrían haberse criado en una cueva cazando mamuts lanudos y machitos orgullosos de su virilidad que alardean de cuántos coños han penetrado, y si es sin consentimiento mejor. Pero debemos comprender que si se generaliza no es porque quieran hacerlo así, sino porque han tenido suficientes motivos como para desconfiar de todos nosotros. Un ejemplo:

Voy paseando por la calle a las dos de la madrugada y, casualmente, estoy siguiendo el mismo camino que una chica que va sola. A pesar de que no tenga intenciones de hacer nada y que esa coincidencia no sea más que un producto de la casualidad, no puedo evitar sentir el miedo que pueda sentir ella. Esta misma situación se ha dado montones de veces, y, ¿cuántas veces ha acabado esta misma historia con la chica secuestrada, violada, muerta o las tres cosas a la vez, y ni siquiera en ese orden? Si esta historia se diera al revés, ¿no tendríais miedo vosotros cada vez que salís solos a la calle por la noche? Pues esto es solo uno de los miles de ejemplos que pueden daros las mujeres del miedo que tienen en esta sociedad machista.

Cada vez que veáis a alguien decir que todos los hombres somos tal o cual no os enfadéis ni se lo discutáis, simplemente pensad en qué ha conducido a esa persona a soltar esa frase. Desde hace años siempre repito la misma frase, y esta no es una excepción: "Si te das por aludido será por alguna razón". Menos ofenderse por esta tontería y más empatizar con quien, presa del miedo, desconfía de nosotros y teme por su integridad. Porque lo que a nosotros nos pueda llegar a parecer algo inofensivo como un simple acercamiento, a esa persona se lo ha estado pareciendo hasta que algo demostró que "inofensivo" no es la palabra más adecuada para definirlo. Y no, no me refiero a los piropos, me refiero incluso a saludar a una persona porque te haya llamado la atención y quieras conocerla, sea por la razón que sea, ya sea en las redes sociales o en la calle.

Entendedlo, chicos, no es algo tan difícil, solo se trata de abrirse un poco, conocer lo que ha pasado, está pasando y seguirá pasando mientras no hagamos nada por cambiarlo, y empatizar un poco. Yo soy el primero al que le jode que le metan en el mismo saco, pero al menos comprendo que no es por mi culpa y que tienen razones para ello, y que, si quiero salir de ese saco tengo que demostrar que no pertenezco a él. Y, sobre todo, hacerlo por ellas, no por mí. Porque aquí la víctima no somos nosotros, son ellas. Y si de verdad os jode unas palabras que no dañan a nadie es que tenéis un serio problema.

sábado, 15 de abril de 2017

"Solo quería llamar la atención"

"Solo quería llamar la atención". Qué simple parece todo desde el punto de vista externo de alguien que nunca ha tenido que ponerse en la piel de nadie para saber lo triste y rota que es la vida de alguien. "Solo quería llamar la atención".

Es increíble cómo cinco míseras palabras pueden restar importancia a los problemas de alguien que siente que su vida está vacía y que carece de sentido. Parece que todo el mundo es experto en la vida de los demás y son capaces de distinguir entre los problemas reales y los problemas que se inventa la gente. Sí, soy plenamente consciente de que esta es la misma entrada, con distintas palabras y distinta estructuración, que la que escribí hace algunas semanas hablando sobre el suicidio, pero después de ver 13 reasons why (serie de la cual no sé si me arrepiento de haber visto o no) y de leer algunos comentarios de gente en redes sociales que parecen tener doctorados en psiquiatría por la forma en la que hablan con tanta simpleza sobre este tema, me siento en la necesidad de volver a escribir esto.

"Quiero morir", "me voy a suicidar" y otras frases nada agradables de leer o escuchar por parte de personas a las que consideramos cercanas no son un simple intento de llamar la atención. La gente lo juzga como tal, como si lo único que quisieran es acabar con el tedio que les invade en ese momento y divertirse con alguna chorrada porque se aburren en sus casas y no saben qué hacer. Aquello que la gente llama equivocadamente "llamar la atención" es un grito de auxilio, un intento desesperado por conseguir algo de ayuda que alivie el sufrimiento con el que le ha tocado convivir.

"Quien quiere suicidarse lo hace, no lo dice" es otra de las excusas que pone la gente sin empatía, ególatras narcisistas que solo se preocupan por sí mismos y les da igual lo que les pase a los demás con tal de que ello no les afecte. Porque nada, salvo lo que les ocurre a ellos directamente, importa. Y quizá, en una pequeña parte, tengan razón con esa frase y quien ha gritado auxilio realmente no quiera morirse. Porque, siendo realistas, nadie quiere morir realmente. Lo que todos desean es que cese ese dolor, que desaparezcan todos sus problemas y puedan vivir una vida feliz y lejos de toda tristeza. Y, cuando toman la decisión de acabar con sus vidas, es porque no les quedaba otra opción para conseguir acabar con su tortura.

Suicidarse no es una decisión voluntaria que toma el suicida porque sí. Es algo que ha meditado durante un tiempo y es una opción a la que ha tenido que acogerse conducido por la desesperación y el abandono. No somos nadie para juzgar si tenía problemas de verdad o no, solo esa persona sabe si era capaz de lidiar con la carga que tuviera que sostener o no. Lo único que podemos hacer es intentar aliviar esa carga antes de que tome esa irreversible decisión de cortar todos los lazos que le atan al mundo y, como diría la raza ficticia de los kenders, "adentrarse a su última aventura".

Sé que hay muchos gilipollas sueltos que bromean con el tema del suicidio para creerse "guays" o seguir una estúpida moda, pero no nos pongamos cómodos creyendo que todo el mundo es así. Sabemos distinguir entre quien bromea y quien lo dice de verdad, sabemos diferenciar al que sigue esa estúpida moda y al que cuenta su vida por necesidad de encontrar un apoyo donde descansar. Lo que pasa es que es mucho más cómodo y fácil meter a todo el mundo en el mismo saco y que nuestro propio egoísmo nos haga creer que no podíamos hacer nada por la otra persona y que era mejor dejarlo estar.

Sé muy bien el enorme esfuerzo que puede suponer contarle a alguien tu vida y decirle lo mal que estás para buscar a alguien que alivie el peso de tu dolor, y lo mal que se siente uno después creyendo ser una carga para quien decide ayudar. Por eso quiero pediros una cosa por segunda vez en este blog: No pisoteéis el valor que tanto trabajo le ha costado reunir a alguien para confiar en vosotros y pediros ayuda. No se trata de solucionar la vida de los demás, solo de hacerle ver a esa persona que vais a estar ahí para lo que haga falta, que daréis lo que podáis por esa persona, y, quizá, con un mínimo esfuerzo podáis salvar la vida de alguien. De verdad, os lo pido de corazón, no permitamos que muera nadie más por no ser capaz de afrontar su propia existencia. Bastante caótico es el mundo ya como para que encima repudiemos a quien solo necesita de nuestra presencia para que su mundo sea un poco mejor.

lunes, 27 de marzo de 2017

Cristianismo y la derecha. Guerra santa en los medios.

Normalmente no me gusta politizar o meter religión en mi blog salvo que sirva para reflexionar. Y no sé muy bien si esta entrada servirá para tal propósito o si solo será un desahogo para mí donde descargaré toda mi bilis contra un sistema mediático dirigido por un dogma que más que una religión parece una secta. Sea como sea, aquí va mi entrada.

Todo esto viene debido a la ya famosa declaración de Paquito Marhuenda, director del fachodiario La Razón, que de razón tiene poca, en la que demonizaba por Twitter el islam mientras enaltecía y alababa el cristianismo. Por desgracia este tipo de propaganda político-religiosa no es nada nuevo. Siempre que ocurre algún atentado orquestado por el ISIS sucede como por consecuencia una propaganda islamófoba criminalizando a todo aquel que sea musulmán, obligándolos a soportar un bombardeo de prejuicios al relacionarlos con los atentados. Porque, como es obvio, el chico de la tienda mora de la esquina de nuestro barrio es colega íntimo del que se ha inmolado a miles de kilómetros y también tiene un chaleco bomba para volar la tienda. Quiero creer que quienes leen mi blog son personas medianamente inteligentes pero por si no ha quedado claro la frase anterior es sarcástica.

Es lamentable que en pleno siglo XXI, cuando se supone que el ser humano a comenzado a madurar y a dejar de depender de creencias religiosas para condicionar su vida, todavía quede gente que crea ciegamente las historias contadas en un libro con dos mil años de antigüedad hasta el punto de llegar a librar una guerra por él. Que, oye, cualquiera es libre de creer en lo que quiera, siempre y cuando eso no dañe a nadie. Y sí, todavía se sigue librando esa guerra santa que se supone que acabó hace cientos de años. ¿Recordáis las cruzadas? Bueno, ya no son como antaño, con ríos de sangre corriendo por las calles de Jerusalem. Ahora esa guerra la libran los medios, desprestigiando el islam y utilizando el miedo del pueblo como un arma para volver al populacho, rebaño de corderos bien adiestrados, contra aquel trabajador inocente que solo desea ganarse la vida al margen de sus creencias.

Porque hay que dejar clara una cosa: La religión no mata. Al contrario, yo siempre he defendido la religión (al margen de las instituciones, claro). Todo aquello que sirva para hacer que una persona evolucione bienvenido sea. Quienes matan son los extremistas radicales armados por lobos disfrazados de cordero. Porque tenemos que recordar algo: ¿De dónde vienen las armas del ISIS? ¿Quién ha hecho que aquellos que han causado tanto terror sean capaces de hacerlo? ¿Y cómo es posible que no se les haya frenado ya?

Todo esto es algo que no nos contarán los medios, que la prensa y la televisión callarán, porque aquellos que los financian son los mismos que lideran esa guerra mediática contra el islam, intereses políticos y financieros aparte. Si no me creéis, pensad: ¿Dónde se metieron todos los políticos de derechas en 2011, durante el atentado de Oslo? Es más, ¿dónde se metió Marhuenda, aquel por quien empecé a escribir esta entrada, cuando Anders Breivik asesinó a sangre fría a más de 90 jóvenes para, aparentemente, no recordar nada de aquel atentado? Porque realmente parece no recordarlo al decir que el cristianismo es una religión de paz y que así será por siempre jamás. Si él no lo recuerda, hagamos memoria nosotros:

Anders Behring Breivik era un joven de 32 años de tendencia ultraderechista y ultracatólico que puso una bomba en el complejo gubernamental de Oslo. No contento con el resultado de ese primer atentado se dedicó a abrir fuego en un campamento juvenil dos horas más tarde. ¿Sabéis a quiénes culparon los medios en primer lugar, buscando una cabeza de turco? Bingo, a los yihadistas. Porque siempre, pase lo que pase, el primer objetivo a culpar de cualquier atentado va a ser el musulmán.

Esto no es nada nuevo, es algo que se ha estado realizando desde hace años, sobre todo ahora que no tienen a ETA para culpar de los atentados. De hecho, cuando se demuestra que el responsable de cierta matanza es uno de los suyos, lo único que hacen, con suerte, es rectificar, corregir y pasar a otro asunto. Si un atentado lo hace un grupo radical islámico te lo van a recordar durante días, semanas si hace falta. Si ese mismo atentado lo hace un radical cristiano quizá no lleguéis a enteraros nunca. De hecho, lo más seguro es que no lo consideren una masacre sino como un acto de paz. Como aquellos que hacen los ejércitos occidentales a manos de líderes imperialistas en el desierto de Oriente Medio. Pero, eh, que el cristianismo es una religión de paz, no lo olvidéis.

viernes, 24 de marzo de 2017

La hipocresía tras el suicidio

Antes de nada quisiera disculparme si el título puede causar algún tipo de confusión. Aunque llevo una semana dándole vueltas tanto al título como a la entrada en sí, no he encontrado ninguno que me satisfaga, que resulte preciso y que no incite a pensar equivocadamente sobre las intenciones de esta entrada.

Quien me conoce bien sabe que lo que más odio en esta vida es la hipocresía, y más la de aquellos en quienes he depositado mi confianza y me han terminado decepcionando. Pero esta vez no vengo a hablar de ninguna experiencia personal mía, de algo que me haya pasado directamente a mí. Esta vez quiero hablar de aquellos que han querido o intentado suicidarse, o lo han hecho, y de aquellos que los han abandonado.

Cuando sale en la prensa o en cualquier medio la noticia de que un niño se ha quitado la vida por culpa del bullying todos nos ponemos la medallita durante ese día, la mayoría fingiendo una empatía que no tienen, condenando el acoso y la falta de intervención para evitar esa situación. Es muy fácil escribir un par de líneas dándole el pésame a la familia y a sus seres queridos y quejarse de que nadie haya hecho nada para impedir que esa criatura se quite la vida, pero luego nadie mueve un dedo.

Tildan de hipócritas a quienes se han planteado el suicidio por las razones que sean, critican e insultan a una persona que ya de por sí está bastante tocada por dentro y la abandonan a su suerte tras decirle "quien quiere suicidarse lo hace, no lo dice". Sé que no es muy agradable que una persona nos diga que quiere morirse, pero esa persona lo único que está haciendo es buscar un apoyo que la sujete y una razón por la que seguir viviendo. No podemos culpar a alguien que está sufriendo por intentar desesperadamente encontrar un motivo que la mantenga con vida. Es obvio que todos tenemos nuestros problemas y no podemos pasarnos la vida solucionando los de los demás, pero un poco de ayuda por nuestra parte podría salvar la vida de alguien que desee desaparecer. Solo se trata de hacer que ese alguien se sienta querido, sienta que importa, sienta que tiene un lugar en el mundo y que puede salir adelante. Pensad que si ha decidido contaros algo tan grave como eso, algo que no es fácil de contar a cualquiera, algo que le avergüenza, es porque os quiere, le importáis y os necesita. Pensad que en verdad el suicidio no es algo voluntario, no es una decisión que se toma a la ligera y que, quien la toma, lo hace inducido por determinados factores, que se siente obligado por no encontrar una solución a sus problemas.

Por eso os pido que dejéis de colgaros la medalla de la empatía cuando ocurren estas cosas y ayudad a quienes sabéis que tiene problemas que le impiden vivir su vida con normalidad. Quizá algún día no haga falta colgarse ninguna medalla. El suicidio es un asunto muy serio para aquel que se lo plantee y no es motivo de risas, burlas ni bromas, ni mucho menos para ignorar a quien lo considera como una opción o una huida. Sé que hay mucha gente, sobre todo jóvenes en las redes sociales, que no hacen más que bromear con ese asunto, pero es muy fácil diferenciar a quien se mofa y se ríe poniendo comentarios suicidas de quien, en silencio y confidencialmente, grita auxilio por el dolor.

viernes, 3 de marzo de 2017

Colegas, amigos y excesos de confianza

Muchas veces me pregunto cuántos de mis seguidores creerán que soy una persona fría y distante, cuántos de mis conocidos piensan que me alejo de la gente y no dejo que nadie se me acerque, cuántas de las personas que me rodean piensan que soy imposible de conocer. Bueno, quizá nadie piense que soy imposible de conocer porque todos creen conocerme, pero a donde yo quiero ir es a que cada día veo más normal distanciarme de todo el mundo, hacer imposible que la gente se acerque a mí, y evitar los excesos de confianza. Porque parece que la gente no conoce la diferencia entre ser un colega con quien quedar de vez en cuando y echarte unas risas o ser un amigo en quien confiar y a quien contarle tus penas. Y mucho menos son capaces de ver que el hecho de que confiar en alguien no significa que confíen en ellos. De hecho, he perdido la cuenta de la gente que se ha decepcionado al ver que me importa una mierda cómo me ven ellos. "Para mí eras un gran amigo", ¿y eso significa que tú tengas que ser mi amigo, gilipollas?

Siento si mi tono se recrudece a cada línea que escribo pero este es un tema que me fastidia demasiado. Son muchos los que se creen que por conocer algún aspecto de mi vida, aunque sea solo haberme conocido por haber quedado con amigos en común, ya lo saben todo sobre mí y pueden hacerse llamar "mis amigos". Pues siento cargarme vuestro ego y vuestro narcisismo porque va siendo hora de daros una hostia de realidad para que dejéis de sentiros tan especiales: Yo casi no tengo amigos. Casi nadie tiene derecho a considerar tener una amistad por mi parte, casi nadie se ha ganado el derecho de considerarse siquiera una persona cercana a mí. Porque puedo asegurar que de todo el mundo que leerá esta entrada, con suerte el 10% serán realmente amigos o personas cercanas a mí. Y si, después de esta afirmación, seguís creyendo que me conocéis o que os considero mis amistades, tengo una mala noticia: Vuestro narcisismo os ciega y tenéis mucho que aprender todavía.

En primer lugar, como dije, existe una gran diferencia entre un colega con quien echar unas risas y charlar de vez en cuando o un amigo a quien contarle todos mis problemas. Parad de leer esta entrada un momento y haced memoria: ¿cuántas veces os he contado en la intimidad algo que me preocupa, me inquieta, me quita el sueño? ¿Cuántas veces os he hablado de algún aspecto privado de mi vida que no le haya contado a casi nadie, y mucho menos en público? Si contáis, con suerte, una o dos, pensad que os lo he podido contar borracho. Si no contáis ni una, tened bien claro que ni sois mis amigos ni, posiblemente, jamás lleguéis a serlo. Y mucho menos si seguís con esa insana insistencia. Porque, por más que me digáis que puedo confiar en vosotros, mi confianza no se gana por arte de magia. "¡Oh, dioses, dice que puedo confiar! ¡Voy a ser su amigo!". Ridículo, ¿verdad?

En segundo lugar, y para concluir, el hecho de que hayamos hablado alguna vez, nos hayamos visto en una quedada o hayamos coincidido alguna vez en la calle NO SIGNIFICA que os conozca. Os tomáis una confianza que no os merecéis por alguna enfermiza razón que desconozco. Y de verdad, no os entiendo, ¿qué os hace pensar que quiero saber algo de vosotros solo porque hemos coincidido alguna vez en algún sitio y ni hemos compartido media palabra? Puedo llegar a entenderlo de alguien a quien alguna vez haya ayudado (que, por cierto, que os ayude en algo no significa que me importéis o quiera algo de vosotros; simplemente me gusta ayudar a la gente que creo que se lo merece), pero, ¿de alguien a quien solo me he presentado, y con mi apodo además, y con quien no he hablado en ningún momento?

Estoy muy cansado de que la gente se tome tantas confianzas y se crean más de lo que son para mí, y prefiero desilusionar a un puñado de gente con esta entrada (y recibir un puñado de quejas diciendo "no entiendo por qué eres así conmigo, si te veía como un amigo") a que esto se siga prolongando durante más tiempo y que cada día me venga algún idiota con el pensamiento de que esa tediosa y repetitiva frase me haga cambiar de parecer.

sábado, 25 de febrero de 2017

El trabajo de un artista

Hace tiempo colgué una entrada en la que hablaba del esfuerzo de los artistas y de cómo muchos acababan desmotivados a seguir adelante por la falta de aprecio en sus trabajos, en lo fácil que era seguir motivándolos solamente con compartir sus obras y dándole una opinión positiva o constructiva sobre ellas. Y aunque el título de esta entrada es muy similar a su predecesora, quiero recalcar la diferencia de término al emplear, esta vez, la palabra "trabajo". Porque no paro de ver constantemente cómo la gente critica a aquellos que quieren monetizar sus trabajos, argumentando que, al ser un hobby, no debería cobrarse por ello y que cualquiera podría hacer lo mismo.

En primer lugar quiero compartir una experiencia muy corta que me ha servido como reflexión para esta entrada. Cuando estaba estudiando fotografía, en mi primer año nos preguntaron en clase: "Cuando os pidan un presupuesto, ¿cuánto deberías cobrar por sesión?". Nadie, o más bien casi nadie, sabía qué responder. La respuesta que nos daban únicamente incluía la inversión que habíamos hecho en nuestros equipos (cámaras, lentes, objetivos, focos, reflectores, etc.) y, aunque es una respuesta correcta, siento que no es la más completa.

Cuando un artista, ya sea un fotógrafo, un dibujante, un diseñador, un músico o lo que sea, pone a la venta sus trabajos no tiene detrás solamente una inversión económica, que también. A sus espaldas hay un puñado de horas de esfuerzo y dedicación puestos sólamente en la obra que está vendiendo. Pero, a su vez, antes de esa obra ha tenido otro tanto tiempo en aprender y perfeccionar su campo. Cuando vemos un dibujo la gente solo es capaz de ver que el dibujo sea bonito y les agrada, pero el valor de ese dibujo es mucho mayor de lo que vemos a simple vista. Ya no es solo el lienzo (ya sea papel o un lienzo literal) y los materiales que ha empleado para dibujarlo, no es solo el dinero que ha invertido en poder plasmar su trabajo, es también toda la experiencia que ha tenido su autor para conseguir que ese dibujo sea tal y como lo vende. Horas trazando líneas, borrando, redibujando, coloreando, más las horas que haya pasado dándole forma a su idea, más las horas que haya pasado con obras anteriores (que son las que han servido al artista para mejorar su talento), más las horas que haya estado estudiando e investigando cómo hacer todo lo que sabe hacer. Es decir, no solo está la inversión económica que ha hecho en ese lienzo, también está el tiempo que ha invertido.

Esto se puede aplicar a cualquier otro campo. Un rapero que vende su maqueta por cinco euros no pretende solamente recuperar el dinero que le ha costado hacer una copia en un CD, o el dinero que se ha dejado en el estudio de grabación. También está monetizando las horas que ha tardado en componer esas canciones y todo el empeño y la dedicación que le ha puesto a cada tema, no solo de su maqueta sino de toda su carrera musical. Que, por cierto, si os quejáis de lo caros que son los estudios de grabación pensad que el equipo y la formación no son nada baratos, y que requiere de muchísimo tiempo aprender a mezclar y masterizar, por no hablar de que una canción de rock puede incluir perfectamente decenas de pistas que hay que trabajar de manera individual.

Otra cosa que he escuchado muchas veces es "esto mi amigo Menganito lo hace mejor y más barato", y es el típico error en el que caemos muchas veces, yo incluido: Juzgar el coste de un trabajo en base a la calidad. Juzgamos muy a la ligera la calidad del dibujo, de la maqueta o de cualquier otro producto o servicio artístico en base a su calidad. Y obviamente todos queremos el mejor trabajo posible al menor coste posible. Si te parece que un precio es abusivo y que otro te ofrece lo mismo pero más barato y mejor es tan fácil como comprárselo al otro pero no soltárselo a la cara de quien intenta venderte su trabajo. Podemos decidir a quién comprarle qué cosa, pero no somos quiénes para decirle a nadie por cuánto debería vender su trabajo. Y más en el mundo del arte donde toda opinión es subjetiva.

En definitiva, y para no explayarme en algo que he tratado de explicar de la mejor manera posible e intentando no ser redundante y cansino, solo resta decir que la mejor decisión que puede tomar alguien es vender su trabajo si piensa que vale para ello. No se trata de lo que digan los demás, consiste en lo que crea uno. Cada cual sabe cuánto ha tenido que invertir y cuánto debería cobrar, sin importar lo que piensen o digan los demás. Por eso mi consejo es que no dejéis que os desanimen, que no os suelten sus excusas rancias de rácanos que no quieren soltar un duro y sigáis cobrando por vuestros trabajos, porque valerlo lo valen. Da igual si está mejor o peor, da igual si gusta más o menos, el valor de una obra no radica en gustar más, sino en la dedicación, el esfuerzo y el aprendizaje.